La vida no nos alcanzará para leer todo lo que queremos, por lo que resultará imposible satisfacer por completo nuestra infinita curiosidad. Y aunque la humanidad tuviera un idioma universal, las listas de clásicos, modernos y contemporáneos es inabarcable.

Por otro lado, es una discusión demasiado complicada sobre la pertinencia en la lectura: ¿se debe leer por placer o por disciplina? ¿Qué es lo que quiero llenar con mis lecturas? ¿Qué es lo que busco?

Pero hay que añadir a este asunto la cuestión de los idiomas (que no barrera, como me habría tocado escribir debido a la frase cliché: “la barrera del idioma”), de los que hay hermosos y ricos. Alguno habrá que aprender en la vida, pero lo más seguro es que no nos alcanzará la vida para ser políglotas.

Así que la cuestión de las traducciones es un asunto importante a la hora de elegir al nuevo autor y la edición que queremos leer, y no solo es cuestión de esnobismo, como muchos quieren creer. Hay traductores que se han ganado el prestigio a puros resultados de trabajo, y particularmente en España están tan organizados, que hasta existen Escuelas, gremios e incluso el prestigioso Premio Nacional de Traducción, entre otros.

América Latina tiene mucho que aprender en ese sentido. Sin embargo, no por eso han dejado de aparecer grandes traducciones en el espectro editorial latinoamericano, además que las mencionadas a continuación son dignas del famoso premio español: no solo son trabajos monumentales, sino que además son triunfos de la historia de la traducción, en general. Y sí, hechas por hermanos latinoamericanos.

Genji Monogatari

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Publicada por Fondo Editorial APJ (departamento de publicaciones y gestión editorial de la Asociación Peruano Japonesa), de la mano de los traductores Iván Augusto Pinto Román y Hiroko Izumi Shimono.

El libro fue publicado en 3 tomos y actualmente puede considerarse la traducción más rigurosa y aproximada, a diferencia de las dos ediciones ya existentes, las cuales se basaban en otro idioma de llegada (que no era el japonés) o presentaban tremendas inconsistencias, que dificultaban al lector común una mejor lectura y comprensión.

La prestigiosa editorial Atalanta y Ediciones Destino gozan de tremenda popularidad, pero Editorial APJ supera con creces la edición, considerándose la primera realmente completa.

Mahâbhârata

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Editorial Hastinapura, una empresa argentina dedicada a los libros espirituales, apostó por uno de los proyectos más ambiciosos en la historia editorial de nuestra lengua. Ni las editoriales más monstruosas y multinacionales, ni las más especializadas en temas del vasto oriente, en nuestro idioma, por supuesto, habían intentado traer a nosotros, con traducción íntegra, una de esas obras que se consideran y pertenecen al patrimonio de la humanidad.

Hugo Lábate tardó siete años en traducir la obra completa, editándose así los 12 tomos, cuyo equivalente (antes de esta traducción) solo existía en inglés. Así que el mérito de esta traducción no solo no tiene punto de comparación en nuestro idioma, sino que además posee méritos de calidad mundial.

Finnegans Wake

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La editorial El Cuenco de Plata llamó la atención de los amantes de la obra de Joyce en nuestra lengua, cuando apareció la obra más intraducible del gran escritor irlandés. De la mano del traductor Marcelo Zabaloy (quien de por sí ya había asombrado con su propia traducción del Ulises), esta edición quedó como la primera traducción íntegra en nuestro idioma, desafiando además la supuesta imposibilidad de llevar la complejidad de esta obra a otro idioma de llegada.

Eso sí: merece discusión aparte si lo que hizo Zabaloy (de colocar jerga, argot y demasiados localismos de Uruguay-Argentina) es pertinente para una lectura más universal de nuestro idioma. Si usted tiene una opinión al respecto, nos encantaría conocerla.

Bonus Track: Ser y tiempo

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En Grafomaniacos siempre hablamos de literatura, pero esta traducción merece ser mencionada. Primero fue publicada por la Universidad de Chile y más tarde terminó popularizándola la editorial Trotta, quienes al respecto nos brindan la siguiente sinopsis:

La presente traducción de Ser y tiempo, segunda en el mundo de habla castellana, es el fruto de veintitrés años de trabajo. El traductor tuvo sus primeros contactos con Martin Heidegger en 1961, permaneciendo en estrecha relación con él. Entre 1973 y 1975 concluyó la primera versión del texto, que el propio Heidegger conoció y aprobó. En 1988 preparó una segunda versión; esta vez en reuniones semanales con el editor de Heidegger en alemán, Friedrich-Wilhelm von Herrmann, y el apoyo de Hans-Georg Gadamer y el profesor Max Müller. Finalmente, en 1991 inició una tarea de cinco años con un equipo multidisciplinario de especialistas, que daría como resultado, en 1995, la tercera y definitiva versión. Con todo, y más allá de la historia, la traducción de Ser y tiempo de Jorge Eduardo Rivera C. constituye un hito para la filosofía actual.

Si bien ya existía la traducción de José Gaos, la versión de Jorge Eduardo Rivera se caracteriza por buscar una mayor claridad en el lenguaje, si bien el libro (y la obra completa de Heidegger en general) es complejo hasta para los hablantes nativos del alemán. Sin embargo, el gran mérito es ese: las mismas dificultades que encontrarán los lectores del idioma original son las que —al menos en el ideal— deberíamos de percibir los lectores de la traducción.

Coda

Sé que usted está perfectamente consciente de que hemos dejado fuera a muchas traducciones que también son triunfos en nuestro idioma, además del invaluable papel de muchos escritores que también fungieron como traductores. Vienen a mi mente Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Octavio Paz… pero ¿qué le parece si dejamos a los escritores-traductores para otro tema? Sería maravilloso detenerse un poco en los aportes que cada uno nos legó para que ahora podamos ampliar nuestras lecturas de autores universales.