Aunque no tengo la menor intención de revelar los detalles más importantes y esenciales que se narran en el libro, de todos modos una alerta de spoiler es importante. Uno nunca sabe si una simple descripción o un comentario puede considerarse como arruinarle la lectura alguien.

Encontrar el equilibrio perfecto de una buena reseña es una lucha y un quebradero de cabeza para quienes nos gusta escribir. Mezclarla con críticas y comentarios personales, sin revelar lo importante ni arruinarle la sorpresa a los futuros lectores de un libro, es un ejercicio mental equivalente a caminar en la cuerda floja. Pero como buen fan de una saga o de un universo de fantasía, no olvide lo más importante: la intención es lo que cuenta y el mayor deseo de quien escribe estas líneas es motivarlo a leer un libro que en definitiva vale la pena.

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Para quienes han leído todo sobre el universo relacionado con Canción de hielo y fuego es posible que no les sorprenda mucho una buena parte de lo que este libro les pueda ofrecer. Es de una lectura ágil y entretenida, pero un fan de raíces fuertes como el arciano no se sorprenderá demasiado si ya leyó, para el caso, El mundo de hielo y fuego.

Eso sí, hay que decirlo: donde El mundo de hielo y fuego pasa de largo, en Fuego y sangre se amplía en detalles lo más que se puede. En sus 880 páginas el narrador-cronista y recopilador de la historia es el Archimaestre Gyldayn, quien procura recrear un relato detallado y coherente, en el que además se sirve de citar y añadir varias fuentes que tiene disponibles. 

Desde este primer punto me parece importante destacar el trabajo de Martin en este libro: la información corre como una inmensa cascada, con la voz de un cronista erudito que no puede escapar de las concepciones morales que le corresponden a alguien de su rango. El Archimaestre abunda en digresiones con las que intenta explicarnos lo bueno y lo malo, a la vez que hace el mejor intento de atenerse a los hechos, citando los registros de testigos de la época, información de otros Maestres, el testimonio del bufón Champiñón, quien de paso le da un peculiar y corrosivo toque necesario de humor y lenguaje licencioso, a una historia que sin eso podría pecar de una seriedad excesiva y a veces melodramática.

Muy a la manera de los historiadores de la Edad Media, a veces el relato parece un cotilleo sobre intrigas y chismes que uno no esperaría encontrar en la seriedad de los académicos e historiadores modernos. Pero por eso mismo el relato nos invita a imbuirnos en un nivel de verosimilitud que a más de algún lector le hará cobrar empatía y que le pasará una buena factura emocional. Que no le extrañe si en medio de toda esa historia usted se puede prestar a la risa, la seriedad y la emoción de la acción y la batalla.

Por otra parte, nos ocurre con frecuencia leer cronologías y linajes, e imaginar que un nombre sucede a otro como cosa natural. Es así que uno puede leer Aegon II y que le sucedió Aegon III… como lectores nos queda dos opciones: la primera es imaginar que uno sucedió al otro, como si se tratara de piezas de dominó; y la segunda es enterarnos que entre una sucesión y otra ocurrieron tantos hechos, que entre un número y otro no solo hay una vida, sino un cúmulo de intrigas, traiciones, y como él título del libro promulga, también fuego y sangre.

La enigmática personalidad de Aegon el Conquistador bien podría estar inspirada en los relatos de grandes personajes de la historia como Julio César o Alejandro Magno; o bien, para no pecar de pretencioso, en cualquiera de esos personajes y arquetipos de la historia que parecen tener claro su papel de conquistadores. En Fuego y sangre solo hay un equivalente en la ambición desmedida de Maegor, quien no en balde se ganará el mote de “El Cruel”, al pasar revista a todo lo que hizo durante su reinado.

Pero la figura que en lo personal me pareció más interesante es la de Jaehaerys I, quien a mi parecer representa muy bien la aproximación de lo que podríamos imaginar como un rey justo. Sabio y esplendoroso, padre, amigo y hombre de palabra, supo siempre cuándo esgrimir la espada, cuándo visitar y conceder favores a sus súbditos, y cuándo sencillamente sentarse a reinar. Parecía tener claro qué batallas luchar y por eso incluso jamás conoció la derrota en combate singular. Bajo su reinado, si bien no exento de problemas y errores (no hay justicia perfecta ni maldad perfecta, como bien diría un personaje de anime), los Siete Reinos gozaron de lo más cercano y aproximado a la paz y prosperidad.

Podría mencionar al respecto los otros reinados, ya sea para destacar lo conflictivo, la brevedad y el infortunio. Además hay que añadir que al ser héroes imperfectos, frágiles como solo pueden ser los personajes con mayor verosimilitud, la muerte y la vida serán una constante que se repite con la frecuencia justa.

Pero prefiero destacar un punto central: ni el reinado más esplendoroso, ni el más pobre, ni el peor tirano ni el mayor conciliador, ni con todos los dragones y ni con todo el oro… los personajes de esta dinastía Targaryen, que en su mejor momento fueron tan venerados que muchos llegaron a endiosarlos, creyéndolos exentos de todo mal (el libro nos cuenta un relato religioso muy interesante, aplicando la doctrina del excepcionalismo), jamás obtuvieron todo lo que deseaban. Y esto es un buen punto a favor, porque la verosimilitud de los personajes alcanza un valor altísimo, precisamente porque la vida real también es así.

En la vida conocemos altos y bajos, esplendor y miseria, justicia y oprobio. Ni todo el poder y ni todo el oro del mundo son garantía de la medida de nuestros sueños. En las pequeñas sutilezas siempre nos encontraremos que la vida es frágil, que nadie se las tiene todas consigo y que la muerte es inherente a la condición humana. Una obviedad que el autor nos recalca con una prontitud filosófica desde las primeras páginas.

Tres spoilers

Si no quiere enterarse de absolutamente nada antes de leer el libro por su cuenta, puede abandonar la lectura ahora mismo. A partir de aquí mencionaré tres spoilers solo para los lectores interesados en adelantarse en detalles que tal vez le animen a buscar el libro a las ya.

El primero merece una mención superficial. Si ya leyó El mundo de hielo y fuego, o ha visto los cortos animados que uno se encuentra por la red, quizá ya conozca la médula de todo lo que ocurrió en los sucesos conocidos como la Danza de los Dragones. Sin embargo, vale la pena la versión detallada que nos ofrece Fuego y sangre, porque debajo de un suceso que parece harto conocido (no olvidemos que después de la saga canónica este es el suceso que más ha interesado a los fans y a los expertos en esta obra de Martin), en realidad contiene una cantidad de móviles tan complejos, que bien merece una serie-precuela a lo HBO. No solo la dinastía del dragón es partícipe en todo lo sucedido y es necesario que los futuros lectores conozcan a todas las Casas que se involucraron en tan desafortunada historia.

El segundo spoiler es sobre una profecía. ¿Sabía que entre algunos sabios desconocidos de los Siete Reinos se propagó una profecía que incluso llegó al populacho? En medio de sus palabras poéticas se nos anuncia la caída del dragón a golpes de martillo, lo cual, como sabe todo lector de la saga, es desde donde comienza la primera novela, Juego de tronos. Si desea enteresarse de cómo o por qué aparece esta profecía que incidirá en hechos futuros, tendrá que leer el libro.

El tercer spoiler fue para mí el más interesante. ¿Cómo fue que aparecieron los tres huevos que Daenerys obtuvo en Essos? Bueno, la explicación que más se acerca a la verdad se encuentra en las páginas de Fuego y sangre. La historia es totalmente fascinante, además de dejarnos con la duda de si realmente hay más huevos, y por qué no decirlo… más dragones…

Coda

Visto en perspectiva es comprensible la indignación y la amargura permanente de Viserys III Targaryen, llamado sencillamente Viserys y apodado con sorna como el Rey Mendigo. Al menos el relato que nos ofrece Fuego y sangre, con su descripción de los primeros 150 años de la dinastía, vemos una opulencia y poderío que bien o mal alcanzó a conocer Viserys, incluso aunque solo era un niño. Los relatos le fueron transmitidos y para él, con la visión de mundo con la que creció, todo eso le pertenecería algún día. No se trata solo de las circunstancias desafortunadas de su familia: todo lo que había conocido le fue arrebatado y fue obligado a vivir como un errante en tierras que jamás sentiría como un hogar. Por eso vivió con el irreprimible deseo de venganza, con un nudo en el pecho que él consideraba una injusticia de la vida y que al final lo llevó a la desesperación de hacer todo lo que lo llevó a su perdición.

Hay que añadir, por otro lado, la cota antropológica que dota de una innegable humanidad a los acontecimientos que se relatan, lo cual le da calidad literaria necesaria y nos invita a la multiplicidad de lecturas. En mi experiencia personal como lector, para mencionar un ejemplo, no evité sentirme identificado con la realidad contemporánea que acaece entre muchos ricos, políticos y poderosos: un nivel de corrupción que indigna, asombra al punto de la risa por el nivel de ignominia, y además se nos recuerda que hasta los peores de los males alguna vez se terminan, así como las mejores de las bondades. Esa certeza de que todo pasa y que se puede tocar con las manos.

Como lector soy un gran exagerado e irresponsable, y estoy malacostumbrado a manchar los libros. En mi ejemplar realicé 355 subrayados y apenas 9 notas personales al margen. Menciono esto porque quería elegir una o dos citas preferidas (sin escandalizar demasiado ni hacer un spoiler demasiado grave), pero veo que me resultará imposible. Sin embargo, acabo de elegir una al azar, que en lo personal me resulta divertida y que creo cerrará bien como conclusión de mi comentario sobre el libro. Espero de corazón haberlo animado para que lo lea y al final podamos comentarlo.

El siguiente fragmento pertenece a una escena concreta, cuando se describe una terrible ejecución:

«…Desearía poder decir que el común regresó a sus hogares y chozas para ayunar, rezar y suplicar el perdón por sus pecados, pero con ello faltaría a la verdad. Ebrios de sangre, lo que hicieron fue buscar antros de pecado, y las tabernas, bodegas y burdeles se llenaron hasta los topes, pues tal es la perversidad del hombre.» Champiñón dice lo mismo, aunque a su modo: «Cada vez que veo cómo ejecutan a un hombre me gusta hacerme después con una jarra y una mujer, para recordar que aún estoy vivo».