Días del Olimpo es la tercera novela publicada por Miguel Huezo Mixco, poeta, novelista, periodista, comunicador y exguerrillero salvadoreño. La novela se sitúa en la posguerra temprana, en San Salvador, cuando después de doce años de conflicto armado resurge  la vida nocturna. 

Tras los históricos acuerdos de Chapultepec en 1992 junto a Horacio Castellanos Moya y Pablo Cerna, Miguel participa en la inauguración del periodismo de investigación en El Salvador con el ahora mítico semanario Primera Plana.

“Yo venía de un mundo donde lo prioritario era cuidarse y observar estrictas  medidas de seguridad. Aunque me apetecía, la vida nocturna no estaba dentro de las conductas esperables . Antes de mi integración al movimiento obrero y a la lucha armada, hice vida nocturna”, dice en esta entrevista. Aunque en la posguerra conoció algunos ambientes de esa nueva nocturnidad capitalina,  al Olimpo lo conoció por referencias mucho tiempo después, cuando la discoteca ya había cerrado actividades. La discoteca era un lugar de encuentro de homosexuales y lesbianas, y tiene un lugar central en su tercera novela. Sobre esto nos sentamos a platicar, en la terraza de su casa.

Miguel comenzó haciendo las preguntas. ¿Qué es Grafomaniacos, de qué se trata, por qué lo hacemos? No iba preparado para dar respuestas. Le cuento generalidades y se me escapa alguna frase hecha: hacemos esto porque lo amamos, o algo por el estilo. “Es como una misión suicida”, me dice con un dejo de familiaridad, casi de ternura.

Luego pasamos a hablar de los medios de comunicación en general, de revistas de cultura, de periódicos, de cómo el modelo de negocios lleva varios años mutando de lo físico a lo digital que deja entrever el conocimiento que posee sobre el tema.

Finalmente, llegamos al tema de la novela. Pero, de nuevo, es él quien comienza haciendo las preguntas.

Miguel Huezo Mixco: Bueno, y entonces, ¿cuál es la idea que tenés? ¿De qué querés que hablemos?

Ricardo Corea: Sobre su última novela.

Miguel Huezo Mixco: ¿Ya la leíste?

Ricardo Corea: Sí. He leído sus tres novelas.

Miguel Huezo Mixco: ¿Qué te pareció esta última?

Como dije, no traía respuestas preparadas, mucho menos valoraciones sobre su obra, aunque ya la hubiese leído.

Ricardo Corea: Pues, para ser franco, es la que más me ha gustado. Es  más extensa y tiene más personajes que las anteriores.

Miguel Huezo Mixco: Umm, quizás no. El número de páginas probablemente sea mayor, pero un lector acucioso que midiera las cajas de texto de las tres novelas, podría descubrir que la diferencia de páginas no es tan grande entre unas y otras… En este caso, la caja de texto quedó un poco más menos ancha. La editorial decidió usar ese tamaño de caja… 

Ricardo Corea: ¿Y qué tanto incide el autor en esas decisiones?

Miguel Huezo Mixco: Mucho. Me dijeron lo que querían hacer y yo no les presenté objeción. Ellos hacen su trabajo y me parece que, en general, lo hacen bastante bien.

Ricardo Corea: Creo que, por ejemplo, en Camino de hormigas hay muchas historias. En cambio en esta hay una sola; además tiene más matices, más giros. El personaje que narra la historia pasa por estados profundos de crisis nerviosa, ansiedad y hasta hay un episodio de hipnosis. Anímicamente la sentí más densa.

Miguel Huezo Mixco:  Sí. Pero en La casa de Moravia, por ejemplo, el personaje principal también tiene bastante matices. La novela comienza en la posguerra y él es un comunicador, o publicista, más o menos exitoso, que hace una alianza con una mujer que conoce, Albertina, que se convierte, además de su socia, en su gran amiga. Cuando él se conecta con Lucila, que es un personaje central, el libro se abre a los días de la guerra civil. Quiero decir, la guerra civil no en el frente de guerra, sino en el frente de la propaganda internacional, que tiene como marco a Nicaragua y Costa Rica, donde tiene lugar el intento de poner a funcionar una radio clandestina, en medio del bloqueo económico de Estados Unidos a la Revolución Sandinista, tristemente malograda… 

Ahora bien, creo que en Días del Olimpo me enfrenté a un trabajo más retador.  Para mí, cuando escribís un libro, la parte más retadora es la construcción de los personajes. Los personajes le imponen al autor un estilo. Frente al personaje el autor se plantea asuntos delicados: cuál va a ser su humor, en qué se va a caracterizar su manera de hablar. La historia es importante, desde luego. Pero la voz de los personajes es clave. En las dos novelas anteriores el narrador está construido, de alguna forma, a partir de circunstancias que me son bastante familiares. El personaje de Días del Olimpo fue sacado como de la nada. Es un joven abogado bisexual.

Miguel se disculpa para atender una llamada telefónica Después de un par de minutos vuelve a la conversación.

Miguel Huezo Mixco: Pues sí. Me llama la atención eso que decías, Y, ¿no te costó leerla?

Miguel no formula las preguntas como lo haría un docente o un jefe, sino con una curiosidad muy honesta.

Ricardo Corea: No exagero si digo que la leí de un tirón. Quizás me tomó tres o cuatro sesiones. Fue bastante rápido. Puede ser que medie el tema del personaje. Es decir, yo no soy abogado, ni bisexual, pero sus circunstancias están más cerca de mi realidad. Como que ese mundo de la posguerra me resulta más familiar que el del conflicto.

Miguel Huezo Mixco: Ajá, ajá. Mirá, ¿y vos creés mis novelas son novelas sobre la guerra?

Ricardo Corea: Esa es una buena pregunta, que más bien yo debería hacerle.

Miguel Huezo Mixco:  Sí. Me lo preguntan a menudo, pero me gustaría saber qué es lo que dice un lector.

Ricardo Corea: Camino de hormigas creo que sí la pondría como una novela sobre la guerra. La casa de Moravia, no. Es que no sé, nunca me había preguntado eso. Con eso dos libros me pasa como con algunas lecturas de las obras Horacio Castellanos Moya, que siento que la guerra está ahí, presente, pero no es el tema principal.

Miguel Huezo Mixco: Sí, es como un ruido de fondo, ¿no? Para mí que no son novelas de guerra. Bueno, inevitablemente la guerra es un periodo que conozco bien y del que mejor puedo hablar. Yo nunca me metería, por ejemplo, a hacer una novela que me obligue a hacer una investigación sobre… No sé, El Salvador en la época precolombina ja, ja, ja. Se me va la vida en algo así.  Aunque debo decirte que siempre hacés investigación. Por ejemplo, a propósito de eso que me decías, de que te sentís más identificado con la época en la que tiene lugar la novela, investigué un poco cómo era San Salvador en los años de la posguerra. Yo regresé en 1991 a la ciudad. Justo antes de la firma de los Acuerdos, tuve una vivencia urbana. Pero yo había pasado diez años en el frente de guerra, y en cierto modo el San Salvador de después de la guerra, en muchos sentidos, era nuevo para mí.

Ricardo Corea: Era una nueva vida.

Miguel Huezo Mixco: Desde luego. Yo yo tenía que moverme con mucha cautela. La vida nocturna no era el tipo de vida que lleva un excombatiente que regresa a la ciudad donde creció… Claro, yo tenía muchas ganas de tener vida nocturna. Hice vida nocturna antes de incorporarme al movimiento social y antes de pasar a la clandestinidad. Cuando la guerra terminó se abrieron nuevos bares, como La Luna, Quinto Sol, el Sur, pero no conocí todos los ambientes que estaban emergiendo. Del Olimpo, que es el epicentro de la novela, me enteré hasta hace muy poco.

Ricardo Corea: ¿El Olimpo es El Hoyo?

Miguel Huezo Mixco: Nunca he oído que le digan de esa forma.

Ricardo Corea: Pero, ¿se llamaba El Olimpo, en la vida real?

Miguel Huezo Mixco: Sí. Se llamaba así, El Olimpo, y estaba en el sótano de un centro comercial frente a la logia Masónica Cuscatlán, en la prolongación de la Juan Pablo II. 

Ricardo Corea: ¿Por la Bernal?

Miguel Huezo Mixco: Sí. Por lo que sé, no tenía un rótulo en la calle. No fui al Olimpo pero sí conocí la discoteca gay Oráculos.

Ricardo Corea: Que también es mítica.

Miguel Huezo Mixco: Sí. En esos días quedaba cerca del local de un semanario que se fundó después de la guerra, donde yo trabajaba…

Ricardo Corea: Primera Plana.

Miguel Huezo Mixco: Ajá. Entonces hacíamos un poco de vida nocturna, porque trabajábamos hasta tarde, no había remedio. Llegué un par de veces con una amiga nicaragüense que también trabajaba en el periódico. Pero El Olimpo no lo conocí. Entiendo que el ambiente era medio familiar. No hacían espectáculos de stripers. No había drag queens,  pero en ese lugar comenzaron “a darse color” en público parejas del mismo sexo de clase media, media alta, dijéramos.

Ricardo Corea: Un poco más progres.

Miguel Huezo Mixco: Ajá, algo así. No fue una “discoteca gay” hipersexualizada, ¿me entendés? El que llega a meter conflicto es el pendejo del abogado (se refiere al personaje principal de su novela).

Ricardo Corea: ¿Y el personaje de La Dante estuvo planteado desde el inicio, o apareció en el transcurso de la escritura?

Miguel Huezo Mixco: Ese el primer personaje, fijate… La Dante y Juan, que era el trabajador de ese edificio, el conserje, fueron los primeros personajes del libro. Pero quiero decirte que en un principio la novela iba a ser completamente diferente. No te voy a aburrir con eso, pero yo quería hacer una novela de corte distópico. Era una idea tentadora, montar un libro que tuviera como escenario una sociedad ficticia e indeseable, que se pareciera mucho a la nuestra, donde iba a haber gente derribando las estatuas de los héroes… Pero no me salió por ahí. Fue agarrando otro rumbo.

Ricardo Corea: ¿Fueron los personajes los que lo llevaron por este otro rumbo?

Miguel Huezo Mixco: Sí, fueron los personajes. La Dante nace como personaje desde la primera vez que escuché hablar de la discoteca. Un día fui a cenar con mi mujer y con un amigo de ella, un español, que aparece en la novela, y comenzaron a hablar de sus recuerdos del Olimpo. Ahí quedé tocado… Pero el personaje de La Dante fue cambiando hasta convertirse en lo que quedó.

Ricardo Corea: Yo estuve en la presentación que usted hizo de la novela. Y no sé si lo recuerdo mal, pero creo que mencionó que el crimen que se da en esta novela está inspirado en un crimen que fue, digamos, fundacional, o una piedra angular para configurar el movimiento lgbtiq en El Salvador.

Miguel Huezo Mixco: No, para nada. En la novela sí se habla de un hecho que suele ser referido por algunos voceros del movimiento lgbti, que es la desaparición, en los primeros años de la guerra civil, de un grupo de trans, en todo ese sector de la calle Roosevelt hacia el centro. Lamentablemente, no hay nada que documente el hecho. En aquellos años no existía en el país un movimiento lgbti. Mucho menos existía la noción “queer”. Se les llamaba, simplemente, travestis o maricones.

Cuando me enteré, hace varios años, me llamó la atención que todo el movimiento de derechos humanos de ese periodo, que fue muy valiente, que padeció persecución, y cuyos líderes fueron muy reprimidos, encarcelados y asesinados, no levantaron la voz por las personas trans. Es importante darse cuenta de que aun y cuando uno está luchando de corazón a favor de la justicia, nunca se está a salvo de dejar de mirar otras injusticias, que a menudo no las mirás porque tenés sesgos, esquemas. Y, sin duda, uno de los sesgos torcidos del movimiento revolucionario de los ochenta y noventa fue el machismo.

Ricardo Corea: Homofóbico, transfóbico…

Miguel Huezo Mixco: Claro. Esto es algo que quise abordar en Camino de hormigas. Estas situaciones se daban también en los campamentos guerrilleros. Allí también se reprodujeron comportamientos que se pasaban por alto. Por ejemplo, el reclutamiento de niños para combatir en la guerra. En aquel momento uno podía mirar con simpatía la incorporación de niños. Pero, después, cuando te despojás de los lentes con los que habías visto esas cosas, caes en la cuenta de que eran el tipo de cosas que no debieron ocurrir.

Ricardo Corea: En la UCA, ¿estudió comunicaciones?

Miguel Huezo Mixco: Letras, se llamaba. Me gustó la universidad. No era un mal estudiante. Fui a parar a la UCA debido a que el ejército ocupó la Universidad de El Salvador. Para poder pagar los estudios en la UCA tuve que ponerme a trabajar. Por circunstancias azarosas se me abrió un espacio en la Dirección de Cultura, del Ministerio de Educación,  para poner en marcha un proyecto para capacitar a jóvenes de colegios e institutos del centro de la ciudad en técnicas de radiodifusión, apreciación cinematográfica y periódicos murales.

Entonces, conocí a un grupo de jóvenes que provenían de un ambiente diferente del mío. Conocí a Jaime Suárez, por ejemplo, quien trabaja en el Ministerio de Educación, pero en un área de planificación. Yo lo busqué, porque él dirigía un suplemento en diario El Mundo, y empecé a reunirme con él y su grupo, que se llamaba La Cebolla Púrpura.

Se burlaban de mí, porque yo llegaba al cafetín donde nos encontrábamos, el Skandia, en los bajos del Gran Hotel San Salvador, con una torre de libros de semiótica o filosofía. Ellos solo llevaban libros de poesía. Yo leía poesía desde jovencito, porque en la casa de mi padre había una biblioteca bastante grande, y estaba familiarizado con la literatura salvadoreña, pero aquel grupo literario era algo diferente. Eran unos locos de un tipo que no conocía. Me metí de cabeza. Tenía 22 o 23 años. Comencé a hacer publicaciones. Tuve una página literaria en El Mundo, comencé a publicar artículos en la sección de Letras de La Prensa Gráfica. Me gustó mucho meterme en el mundo de las publicaciones, es algo que siempre me producía satisfacciones, aunque no me diera dinero. O sea, son ese tipo de “misiones suicidas”, como decíamos al principio. 

Ricardo Corea: Volviendo al tema de la novela. Con los otros compañeros de la revista varias veces hemos discutido sobre qué es una novela salvadoreña. Como que hay siempre una problematización al respecto.

Miguel Huezo Mixco: ¿Qué es lo que se dice sobre eso?

Ricardo Corea: El meollo del asunto es qué define a una novela como salvadoreña. Si, por ejemplo, yo me fuera para Suiza por treinta años y escribiera allá una novela, que no tenga nada que ver con El Salvador, ¿sería una novela salvadoreña?

Miguel Huezo Mixco: Pues sí. Sería como Gravity de Alfonso Cuarón, que tiene lugar en el espacio exterior, y es cine mexicano

Ricardo Corea: Ajá, exacto. Qué tanto le podemos llamar “cine mexicano” a eso.

Miguel Huezo Mixco: …O Birdman. dirigida por Alejandro González Iñárritu, que tiene lugar en Nueva York. Cine mexicano mainstream. Aunque técnicamente es una producción norteamericana, México la celebra como suya, con todo derecho.

Ricardo Corea: Y hay algo que a mí me interesa particularmente, y es el tema del lenguaje. Por ejemplo, Jacinta Escudos casi no construye un lenguaje o un ambiente, o una ciudad, que sea reconociblemente salvadoreño, digamos. Acabo de leer de ella Memorias del año de La Cayetana, que es una gran novela, pero habla de una ciudad que yo no diría que es San Salvador. No digo que eso sea malo tampoco. En cambio, tenemos la novela de Róger (Lindo), La isla de los monos, que transcurre en San Salvador en toda regla. O a Orellana Suárez, que también repasa San Salvador en Ciudad de Alado. Y eso también sucede en Días del Olimpo: Hay lugares muy identificables. ¿Sí se planteó todas estas cosas? O, vaya, como el uso del voseo.

Miguel Huezo Mixco: Sí que me lo he planteado. Es curioso, algunos creen que para que una novela sea salvadoreña debe ser costumbrista. Yo he escogido ciudades y paisajes centroamericanos como marco para mis novelas. Es probable que, si escribo otra novela, se me ocurra ubicar la acción en otro planeta. No lo sé. Al final no sé cuanta importancia tenga el asunto. Un buen libro no necesita una “identidad nacional”. Con relación al uso del voseo, quiero contarte que cuando Alfaguara me anunció que iba a publicar Camino de hormigas, mi primera novela, me dijeron: “Mirá, acá vemos un asunto del lenguaje que debemos saber manejar, porque ustedes usan el ‘tú’ y el ‘vos’ inclusive hacen oraciones en ‘tú’ que las terminan en ‘vos’”. Bueno, uno como escritor debe asegurarse de que el texto sea legible y no se preste a equívocos. Entonces, opté por usar el “vos”, que es una forma de decir las cosas con las que me siento cómodo. Además, he escogido que el narrador hable en primera persona. 

Ricardo Corea: Siento yo que es más fácil identificarse con un narrador en primera persona.

Miguel Huezo Mixco: Probablemente sí. Depende del truco que uses. Fernando Vallejo dice, con razón, que en materia de lenguaje todo es truco, siempre que se usen procedimientos válidos. Vallejo lleva las cosas más allá: dice que el uso de la tercera persona es un “truco miserable”. 

Ricardo Corea: Yo acabo de leer, hace unos días, La diabla en el espejo, y no sé cómo se llama ese narrador, pero está contado con una plática con alguien. Me pareció bien interesante… Pero entonces, ¿sí existe esta preocupación por el voseo?

Miguel Huezo Mixco: No sé si debamos decir preocupación. Son opciones. El desafío es hacerlo bien.  Fijate en una cosa. Roque Dalton, siendo tan irreverente que era, en algunos poemas usa voces del tipo: “escuchad”, “venid”, “vosotros”.  A mí me puede parecer cómico, pero el poema no sería el mismo si en vez de decir “escuchad” dijera “oigan”. 

Ricardo Corea: Y justo hablando de poesía. Una vez le escuché a Sergio Ramírez decir en una entrevista que antes de meterse a escribir una novela leía mucha poesía, por una cuestión de ritmo y, precisamente, de lenguaje. ¿Cómo concilia usted esos dos mundos, el de la poesía y el de la narrativa?

Miguel Huezo Mixco: Yo tengo una fuerte propensión hacia el lenguaje poético, y ese “defecto”, digamos, no se me va a quitar, ja, ja, ja.  Siempre vuelvo a mis poetas favoritos. Pero, en general, yo leo poca literatura cuando estoy escribiendo una novela. 

Ricardo Corea: ¿No le pasó que cuando empezó a escribir narrativa metía mucho lenguaje poético?

Miguel Huezo Mixco: El lenguaje “poético” está presente en la buena literatura. No vayamos muy lejos. Muchos cuentos de Salarrué parecen construidos como haikus. Veamos a Céline. Viaje al fin de la noche es una novela sumamente “poética”. Tristes trópicos, de Claude Lévi-Strauss, siendo un libro de antropología, tiene capítulos enteros de mucha poesía. Se me ha dicho que en Camino de hormigas hay construcciones que son bastante “poéticas”. En el segundo (La casa de Moravia) quizás haya menos. En Días del Olimpo, no sabría decirlo. Esta es la novela con la que me he sentido más inseguro. 

Ricardo Corea: ¿Y por qué esa inseguridad?, ¿será por esto que hablábamos al inicio, porque que es un personaje con el que usted no se identifica?

Miguel Huezo Mixco: No, en este caso yo sentía que tenía, digamos, buenos personajes, pero para que estos funcionen bien, tiene que funcionar toda la novela. Ahí no hay remedio, ja, ja, ja. Personajes buenos pueden echarse a perder si la historia no es buena, o no sabés contarla. Más bien, mi inseguridad era si había logrado sostener la tensión, porque me propuse construirla como un “thriller”.  Por eso te pedí que me dieras tus comentarios. Es una suerte poder conversar, en confianza, con un lector que ha leído mis tres novelas. 

Ricardo Corea: ¿No ha recibido ninguna crítica disonante?

Miguel Huezo Mixco: Claro que sí. Alguien a quien no conozco me escribió en el “Messenger” de Facebook y me dijo que había comprado la novela y no le gustó. Esperaba otra cosa. Uno debe respetar las opiniones ajenas. Le respondí que lo sentía mucho.  También me encuentro con personas que me dicen que leyeron la novela, pero que no me comenta nada. Y quizás es mejor que sea así. La mayor parte de las veces me resulta incómodo hablar de mis libros con la gente, ja, ja, ja.