Aliento de cachorro (2021) es el debut como escritora de la comunicadora salvadoreña Patricia Lovos. Este libro, editado por la reconocida casa editorial centroamericana Índole Editores, de la mano de Susana Reyes y Carlos Clará, reúne veinticinco cuentos breves, que como lo dice la misma autora, están divididos por Acid & Tender. Estas son precisamente las sensaciones que los relatos, del tamaño de gotas de lluvia (una lluvia ácida en un día de verano semioscuro) o lágrimas de cachorro, encierran en sus simétricas y circulares estructuras. 

Patricia no deja cabos sueltos y teje como una araña, una fina pero poderosa red de ficciones cuyos personajes buscan, entre el desasosiego y la resignación, un resquicio de esperanza o simple lugar en el mundo. Estos relatos son fotografías de un microcosmos centroamericano que puede ser el presente pero también cualquier otro tiempo, como uno lejano pero todavía con deudas que recuerdan a los días de hoy, como aquella viñeta intermedia fechada en un San Salvador del 22 de junio del año 2132, en el que la vulneración de ciertos individuos sigue siendo la norma.

La mirada que coloca Lovos, tal vez por ser fotógrafa, es aguda y se ciñe a la precisión de lo que necesita encuadrar para relatar, y en ese ejercicio de mirar se cuelan los fantasmas de una época contemporánea, en la que el mundo sigue siendo tan viejo como nuevo. Uno en el que el amor y la sexualidad se han diversificado tanto como también las formas del mal, el dolor y el peligro. Y por eso no se olvida de documentar el fenómeno cósmico de la pandemia por covid-19 que se instaló en la vida cotidiana de todos los ciudadanos del mundo. 

Portada del libro Aliento de cachorro, de la escritora salvadoreña Patricia Lovos.

Con pinceladas de realismo mágico y realismo sucio, Aliento de cachorro invoca la esencia sutil -casi fantasmagórica- de la cotidianidad salvadoreña y sus vaivenes bulliciosos. El público lector se sumergirá en un recorrido por habitáculos oscuros y luminosos, colocando rostros a espectros humanamente diáfanos y máscaras a seres que nos representan tan bien que podrían ser espejos: reflejos paranoicos de nuestros sueños y lugares comunes. 

Patricia se atreve a cuestionar, creativamente, las fisuras de lo que a veces se concibe como identidad nacional. Este factor es determinante para unificar o ligar cada cuento con todo el conjunto. Al final, lo que obtenemos es un solo mosaico formado por postales de un país en ruinas que también, en realidad, podría ser cualquiera. Centroamérica, Latinoamérica, Tercer Mundo, qué importa. Es la estampa, la esencia de la distopía, el olor de la desorientación que queda después del desastre. Como los personajes sin alma (o con el alma demasiado asfixiada) de la película de Harmony Korine, Gummo (1997), cuyas vidas transcurren entre los restos de un pueblo marginal devastado por el paso de un tornado. 

Aliento de cachorro es un aullido de gracia, ternura y desesperación. Un reporte en clave de folletín literario que alguien recogió después de una travesía por el país de los simios, donde tiembla, matan, violan, roban, cogen, cagan, crean, se reproducen con frenesí y por si fuera poco, también se aman con una pasión enfermiza, asintomática y por fortuna, a veces pandémica.