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Nada está escrito

Temáticas operantes en la poesía salvadoreña contemporánea (selección de poemas)

Esta muestra poética es el anexo que complementa la ponencia Temáticas operantes en la poesía salvadoreña contemporánea (2000-2018), que presentó el poeta Josué Andrés Moz en el I Congreso Centroamericano de Literatura, cuyo lema fue ”Pensar Centroamérica desde su literatura”, que estuvo dedicado a la poeta guatemalteca Luz Méndez de la Vega.

La selección de poemas gira en torno a tres ejes temáticos, que el lector podrá ubicar mucho mejor en una dimensión contextual si de antemano conoce el contenido de la ponencia. Sin embargo, para disfrute estético puede leer a continuación este interesante muestrario poético.

Maro-estética y la poesía del infortunio

La balada del Ángel Tuerto

Jorge Ávalos

Maté cuatro policías.
Se la buscaban conmigo.
Ya yo llevaba tres días
en territorio enemigo.

Que suenen ya los tambores,
que baile la vecindad.
Que canten ya los cantores,
que reine la claridad.

Perdoname madrecita
pero lo tuve que hacer.
Ya se oye la sirenita:
hay pistas por deshacer.

Que suenen ya los tambores,
que baile la vecindad.
Que canten ya los cantores,
que reine la claridad.

En este barrio maldito
no tengo nada que hacer.
Dejo mi niño bendito
con Hermanas del Placer.

Que suenen ya los tambores,
que baile la vecindad.
Que canten ya los cantores,
que reine la claridad.

Se escuchan cuatro disparos.
La muerte viene por mí.
No quiero dejar reparos:
¡Se valga el diablo sin mí!

Que suenen ya los tambores,
que baile la vecindad.
Que canten ya los cantores,
que reine la claridad.

San Francisco, 1983

La onda está así, va

Manolo Flores

Ey, vato
Con vos quiero hablar unas ondas,
No te abatás
Que no te voy hacer nada

La onda está así, va
A vos ya diyitas
Te andamos a un ojo
Y simón, va
Cuando salís en la mañana
A comprar el diario
En la tarde que vas a la cancha
Cuando salís con tu gerla
Y cuando venís borracho en la noche, men
Y simón, simón, va
Te damos Brey
Porque sos un civil tranquilo
Y va, no te metés en pedo
Y simón, tu broder
Le enseñó a tocar guitarra
A mi carnalito
Y va, el JomCane
Habló por usted
En el Barrio,
Dijo que usted es poeta
Y que hace unos poemas bien maniacos
Y un día que nos dio galeta en su cantona
Para fumar
Nos puso un disco que usted le dio
Con unas rolas bien peladas
De fumar la suavidad
En la pipa de la paz
Con el ejército de fumadores
Y una de un tal calamar
Que le dice a la jaina
Que es el comandante de su parte de adelante
Y va, nos contó
Un par de historias tuyas
Y que tenés una máscara del Blu
Va, el luchador que tiene mi abuelo
En la pared de su cuarto
Simón, va
La onda que, va
También he tripeado, va
Que a tu casa caen unos vatos, va
Simón, tipo de la capital
Y otros como que son de otro país
Y va, simón
Gran plantilla de fumones que tienen
Y la onda que, va
Yo los puedo alivianar con yerbita, va
Cuando quieran
Pero la onda es que, va
Simón, quiero que se porte firme conmigo
Para seguir dándole el pase de civil tranquilo
La onda es que, va
Quiero que me haga un paro, va
Me entiende
La onda que con mi perrita
Ya vamos a tener un año juntos
Y, simón
Quiero sorprenderla, va
Así que, va
Hágame un poema, va
Ensalsado
Para dárselo a ella
Y que vea, va
Que no soy sólo maldad

El pómulo abierto

Luis Borja

He aquí el pulso de un beso de pólvora
La herida abierta de una caricia
La delgada sonrisa de un disparo
Con el pómulo abierto acaricio el nombre de las agonizantes horas que me quedan:
“MADRECITA PERDONAME POR MI VIDA LOCA”
Son pocas horas madre las que me quedan
Son pocas horas las que acaricio tu rostro viejo
Tu rostro cansado y deshojado:
“MADRECITA PERDONAME POR MI VIDA LOCA”
Pero el barrio es igual a tu nombre
Es la santificación de un beso
Es el refugio de un niño moribundo
Es la señal de que aún existo
Es la gana de encontrarle sentido a mi nombre
Es la sábana de mis días benditos, madre
Con el pómulo abierto y la boca electrizada sé que agonizo
Pero no me llore ruquita que la sangre se me dilata al verla
Se me dilata la sonrisa de niño perdido
Y al verla llorar sé que está llegando la hora:
“MADRECITA PERDONAME POR MI VIDA LOCA”
No me niegue la atroz caricia ni el beso en la frente
No crea que nunca supe la soledad que le cause en el alma
Su asediada voz se me hizo un rosario en el pecho
Tengo el pómulo abierto y la lengua dormida
Llegó la hora ruquita
Deme el beso de buenas noches.

Y cómo te reconstruyo ahora

Vladimir Amaya

La morgue del ensueño
pertinaz ilusión refrigera.

José Juan Tablada

Ya nos habían advertido, amor,
que serías la muerta más hermosa.

Ya nos habían dicho
que con mi sangre se escribiría tu epitafio.

No entendimos.
No teníamos por qué hacerlo.

Nunca soltaste mi corazón,
porque mi corazón era tu mano.

Nunca dejaste de verme,
de llamarme,

de hacer esas cosas del cariño
por las cuales nos odiaron.

Y ya nos habían dicho
que serías la muerta más hermosa de la cuadra
si regresabas a mí o si no me iba;
que desde antes que yo llegara a la fresca orilla de tu sonrisa,
ya pertenecías a su estirpe abominada;
o si no, a la pólvora de un último disparo.

Y me dijeron: «Pues sí, que esa jaina es de la raza, va;
vive en El Punto, con eso es suficiente,
y lo que es de los hommies se respeta, va.
Vos mejor andate, vato,
que el diablo anda sentándose
sobre las cabezas de pendejos como vos.
Que no te vaya a encontrar la Bestia,
y si la morra no obedece, le cae y no la cuenta, va».

Y a hacia dónde correr, amor,
en esta ciudad sin códigos ni leyes,
en el reino del espanto,
en la comarca de los perversos;
a hacia dónde correr
si en esta tierra
los enamorados escriben sus nombres
con heridas sobre la piel del otro;

adónde correr,
cuando por tu ojo y por mi pupila,
creció un árbol sin darnos cuenta,
y nos sentamos a su sombra,
y nos curamos la sed con la humedad de sus hojas,
y nos alimentamos con su fruto;

creció nuestro árbol y con sus ramas formó otro cielo,
sobre esta tierra del odio y de cerebros putrefactos,
de pellejos malolientes;

y sobre lápidas te amé, y me amaste,
en el tumor maldito que terminó por devorarlo todo.

Porque ya nos habían advertido, amor,
que serías la muerta más bella;
que yo sería el novio más gris de la muerte.

Porque ya nos lo habían dicho,
y todo fue una luz amarga y verde sobre nosotros.

Y cómo te reconstruyo ahora, novia,
si te despedazaron,
y lanzaron una de tus piernas al río que pasa cerca de mi casa;
tus ojos, al campo lleno de hormigas;
un brazo, a los contenedores de basura.

Y cómo te beso ahora,
si lo que te queda de boca
ya no parece una boca.

Y cómo levanto tu cuerpo más alto que todas mis lágrimas,
cómo reconstruyo nuestra historia ahora ya despedazada
en tu cuerpo hecho pedazos;
pedazos de tu cuerpo,
lo que se encontró de tu cuerpo
plagado de golpes y de mordidas.

Adónde tu espalda,
a la cual me asomaba para encontrar
las estrellas de tu aliento.
Adónde andará ahora tu mano,
en qué piedra habrá quedado sostenida,
o bajo qué piedra habrá quedado sin dedos;
sobre qué tierra
para hacerse polvo.

En qué quebrada surcarán los hilos de tu sangre;
qué pájaros habrán de beberte,
porque siempre fuiste de aire, con brevedad de pluma.

Adónde tus latidos,
si tu corazón desfigurado en el hocico de perros y de ratas.
Adónde quedó tu lengua con la mitad de su palabra dicha.

Muchacha,
atada con dolor a los cuatro puntos cardinales,
estirada hasta el desgarro,
mi hermosa descuartizada.

Cómo te reconstruyo
en este momento, sin colores, ni imágenes, ni sonidos.

Adónde estará mi corazón que te llama incansablemente;
en qué carretera tirado el resto de mi cuerpo…

Y cómo te reconstruyo ahora,
si lo que queda de mí es tan solo mi cabeza
en la banca de este parque,
donde un día
ofrecimos al amor nuestro primer beso.

La visita íntima

Miroslava Rosales

Amor te he esperado tanto tiempo amor detrás de los barrotes
¿por qué hasta ahora tus besos de miel en mis pechos vuelven a ser caballos?
¿por qué mis correos no tenían más que muros de respuesta?

Te he esperado tanto
que mi jardín
se pobló solamente de cactus y serpientes
Era una astilla sin poder bailar
No pensé que vendrías ahora
que esta noche
al fin
entraría de nuevo a tus olas nocturnas
Estoy muy desaliñada perdona
Mi corazón no entiende de la brisa
ni de los árboles rojos en las aceras
ni mucho menos de la sinfonía de gladiolos
No sé qué se hace allá afuera
No sé qué es el mundo
¿Cómo rueda?
¿Cómo son las calles ahora? dime
¿Hay niños en los parques?
¿Hay cocodrilos disparando en las esquinas?
Acá solo ventanas y puertas que se cierran
gritos retenidos
cartas con tinta de rencor

No sé qué es el mundo
si los murmullos en forma de picahielo me cubren
Poco a poco soy una ladera que se erosiona

¿Por qué desapareció de mi columna el alborozo?

¿Por qué no besas mis pezones
y los muerdes
como manzanas en fiesta de año nuevo
y los celebras con fuegos artificiales?
¿Por qué no recorres mi vientre que guarda tu nombre
como un cofre de perlas?
Mira que mi dicha solo es eso
solo la gota de tu universo

Te he esperado tanto tiempo
que pensé que mi cuerpo ya no reconocería tu nostalgia de buque abandonado

Ven
busca en mi cueva el esplendor con tu lengua
Ven y baja
hazme sentir que la vida es más que un martillo
Ven y baja
hazme tener un arcoíris dentro del corazón atormentado por termitas
Ven y baja
hazme ser un marzo colmado de maquilishuat
Ven y baja
hazme heliconias en los bordes de mi sonrisa
Ven y baja dulcemente
dulcemente
dulcemente
Hazme volver al baile de los cometas

Servir y proteger: La Mentira

Vladimir Amaya

A Daniel se le descascara la noche en el rostro.
No te miento,
han sido años sus lágrimas durante estos meses en la fosa
donde ahora pasa entre paredes grises.
Ya el moho de los barrotes quiere montar su prostíbulo
en sus venas.

A nadie le importan sus 21 años de joven promesa
ni su vida trunca.

Él es culpable, como muchos otros,
por ese pecado terrible de ser inocente
en una región de pecadores.

Daniel lleva una cruz de todos:
criminal por ser todavía un niño;
asesino por no matar;
extorsionista, secuestrador, traficante
por soñar un país más justo.

Hundido por una falsa justicia,
ahogado en el candente estiércol de nuestros pútridos días,
Daniel comenzará a olvidar la luz del cielo,
y a nadie va importarle.
A nadie.
Ese muchacho nada más es una sombra entre sombras,
sin rostro, ni nombre, ni familia
para quienes firman las cartas emponzoñadas de la libertad.

No te miento:
nadie está seguro si son esos tipos de azul, con revólveres y macanas
quienes se encargan de la seguridad en mi pueblo.

A Daniel se le descascara la noche en el rostro.
A mi país se le descascara el rostro en el corazón
de ese muchacho.

Y ese corazón,
como dos manos en cuenco, recoge de la noche
las lágrimas de la madre y de las hermanas
(a la hora de la visita),

para no morir de sed

en aquel maldito pozo.

Where we see Mama’s back

Willy Palomo

At the border, the coyote forced Mama to run with the men,
as punishment for refusing to be raped with the other women.
I do not know how to describe the way the sand
bit into the soles of her feet, inching further & further
until it became her skin, her flesh. I do not
know how to describe the way each step felt like
it was underwater when there was no
water, when sweat became dry beads of salt,
of sand stumbling down her face
until they became her face. Mama,
a sand woman, her throat
hissing like wind & snakes.
Her thighs rubbed
together so hard they
bled a dry red,
stones sharp as
crescents
cutting her
feet.

Then, came the hills.

In this poem,
we will end
the story here, where
Mama finally rests,
where her fallen hands are
already buried wrist-deep
in the desert. In this poem, every
-thing Mama carried finally
falls off her back—the eight hungry heads
of her hermanos y hermanas roll down
the hills, the hungrier machetes of the soldiers’ stick
from the sand like needles of giant cacti, her torn
shirt exposing the pale brown ripple of her spine, finally uncurling.
I want there to be a version of this story where she no longer
suffers, where for once another god performs the miracle, the atonement
of blood & limb, where we no longer live with the guilt of her sacrifice.
In this poem, a man lifts Mama onto his shoulders & carries her the rest
of the way. This man is the same man who stood up when
the coyote wanted to put Mama with the women & told him, no,
she is my sister, we will not part. When the coyote yells
for him to leave her behind to dissolve into the dust,
this man carries her the way the sky carries the
moon, the light we see by in the dark, the only pure
thing in the sky. This man is my father,
sitting by her hospital bed, massaging her back
—No, in this poem, my father is in
the hospital bed, howling to the heavens
as the doctor pulls me bloody
from his body, both our feet flailing
in dissent. This man is each of
her unborn children, closing her
eyes, nursing her dry lips
with our bone & blood. This
man is you right now,
reader, holding this page,
carrying this unholy
burden for the shortest
of moments so,
for once, you can
understand
how quic-
kly you
would
colla-
pse

La familia o la gran ventana para hablar de otras muertes

Las manos de mi madre

Alfredo Espino

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

El manual de Manuel

Osvaldo Hernández

A mi padre

I. No le gusta el fútbol
y camina marcando penaltis
II. No le gusta el baile
y aprendió valses aserrando cedros
III. Cuando la vida se hace yuca
el almidón baja de precio
IV. No es pescador
pero su risa es un atarrayazo cargado de estrellas
V. Carpintero y cantor eterno
con voz de aserrín clavando la pobreza
VI. Veterinario infalible
castrando la miseria y picándole el trasero a la cosecha
VII. Tu sangre muchacho alegre
es la sidra para el brindis por tus días infinitos

Cuando robo el labial de mi madre

Elena Salamanca

Cuando robo el labial de mi madre.

Ese ejercicio de niña.
A escondidas.
Pintarme la boca para parecer mujer.
Ese ejercicio de ahora.
Clandestino.
Jugar a ser niña.
Estoy tan cansada de ser mujer.

El titán menor

Vladimir Amaya

Mi padre, héroe de guerra con problemas de hemorroides,
pide al cielo por primera vez morirse en serio.

Él estuvo en medio de las granadas,
del ruido a tren descarrilado de los proyectiles.
Perdió a su mejor amigo
(La Guardia lo golpeó hasta reventarlo en el 85)
y a una novia suya la decapitaron en el 89.

Ahora a sus manos se la ha comido la vergüenza de no matarse.

Padre no soporta las luces de las pantallas electrónicas de la ciudad.
Han deformado, dice,
su vecindario de niño
para convertirlo en centros comerciales.

Mi padre no puede con esta guerra de la paz ensangrentada,
con estos días digitales que escapan de sus dedos.
No puede, dice, y duerme por horas soñando que se muere.

Al despertar, come yogurt light –único consuelo,
y maldice a los traidores que ahora son personajes públicos.

Pobre hijo perdido, mi pobre padre.

«¿A dónde está el valor de la vida?,
¿por qué se ha de luchar ahora?»,
me pregunta muchas veces
mientras sostiene la bolsa de papitas fritas en oferta.

Miserable mi papá,
con dos hijos, una esposa, un perro
y sin nadie a quien dispararle.

Prácticas octogenarias

Dennis Ernesto

De todas las muertes en el periódico
mi abuela buscaba el nombre más dulce
o el más triste;
iba, recogía los cuerpos
y los sembraba en el patio.
Así las cenizas perfumaban la casa.

Mother

Ana María Rivas

Oh madre oscura, hiéreme
con diez cuchillos en el corazón.

P. Neruda

I

Madre: ¿has escuchado tu voz los últimos años?
¿sabes acaso que has perdido
tu nombre
tu edad
y tus sueños?
Te cambiaron los ojos por dardos
los dedos por gusanos
y los pies por estacas.

Te llamo madre porque no sé decirte de otro modo.
No puedo llamarte mujer ni anciana ni monstruo.

El café desborda en la cocina
y te has quedado dormida frente al tele.
Han pasado siglos y tus huesos siguen habitando la sala,
la tierra en la boca, el veneno en tus párpados.

Madre, ¿dónde guardaste las píldoras del insomnio?
En estos días necesito
coserme los ojos y esperar la muerte.

II

Mi madre es un pez sin océano ni estanque,
ojos de ceniza en la habitación de mi memoria.

Ella soñó parir a muchos hombres
que postraban sus rodillas
y adoraban su vientre.

Mi madre mató a sus hijos.
Y por cada uno se clavó una aguja:
Era tan grande su estirpe
que no fue más mujer sino acero
y entre carne y sangre
se volvió una espina.

Mi madre volcó su imperio de cruces en mi falda
impuso sus manos en los hijos que aún no tengo
y les dio veneno porque odia las ratas.

III

Madre, cántame una canción de cuna
donde quepan las distancias del mundo
y el rostro donde se queman los espejos
cántame noches sin amanecer que me separen
de la fe de enterrar mis manos en los astros

Téjeme una mortaja por vestido
hazme trenzas en el cuello
y sujétame a las vigas
méceme, seré tu péndulo
una muñeca amplia oscilando entre los muebles.

IV

Madre, olvidé decirte que nadie tiene una madre.

El Salvador

Javier Zamora

Las noticias: bolsas negras todos los días.
Noticias: más y más se van. Necesito ver

a mis abuelos, necesito esos meses
mis papás dormían en el mismo cuarto:

Mamá dormida conmigo en sus brazos
a salvo en su cuarto de bajareque, a salvo

de balas atascadas en palos. Quiero treparme
a comer jocotes durante un chaparrón,

trepar esa torre de agua en mi barrio.
Quiero tomarme esa agua, Papá nunca quiere,

¿para qué, vos? Mamá quiere ver a su papá,
a su mamá. Mis papás dicen, no vayás,

tenés tatuajes en las costillas, por un tatuaje
te paran, es la ley. Allá, vos no sabes qué es ley.

¿Pero qué putas saben? No tienen papeles.
Abuelos dicen, venite, aquí no pasa nada.

Allá sí. Mi prima dice, aquí, no salimos en la noche,
está peor, ahora puede ser cualquiera. No vengás,

te pueden… Salvador, en un día de verano
húmedo, tan húmedo que tu pulgarcito

corta la marea, tus huellas enterradas en sal,
si algún día vuelvo a tocar tu cara, volcanes

y olas de tu cara, piel verde, barba azul,
aliento de poma, aliento de arena, no dejés

que policías digan, ese es marero. No dejés
que mareros digan, este es del otro barrio.

Tus barrios manchados de polen, rojo
y líquido polen. En las calles, policías y mareros

culpables de crímenes rojos, y presidentes,
culpables. Un pájaro de metal te picotea

con su pico metálico todos los días, vos
azul-verde animal pendejo que no sabe

nombres de labios azules adentro de bolsas
negras en las calles. Vos no sabés deudas,

nuestros labios sellados, nuestras casas
abandonadas, nuestro miedo de decir

el pasado no es pasado. Quiero regresar,
necesito regresar. Y hay días que miento

y digo estoy bien, pero todos los días
que no rozo el pelo de mi Abuelita Neli,

que no lavo su olla y sartén, lloro.
Como esta noche que deseo que hicieras

más fácil amarte, Salvador. Hacelo,
para ya no arriesgar nuestras vidas.

Funeral de nuestro primer árbol

Roberto Deras

Esos árboles
que saben libertarse
de la podredumbre del olvido.

Clemente Soto Vélez

1

No podemos despedirnos de la muerte, madre.
En las noches la contemplo en las lágrimas de tu hermana.
Cada noche recuerdo que su muerte nació conmigo.

Desde entonces crecí con tu tristeza.
Con el miedo al miedo en mi rostro.

2

He recordado a la muchacha blanca que no conocí.
La he visto en los periódicos viejos: en medio de atletas, fiestas infantiles,
entre noticias de atentados terroristas,
y he visto
cómo se despinta entre el polvo
en el banquete de las polillas.

3

Madre, no podemos separarnos de tu hermana.
Tu sangre regresa en busca de su foto.
Yo vuelvo con ella.
Soy también quien te espera en las lápidas de los cementerios,
en los funerales de los árboles.

Allí estaremos
tu hermana, yo,
tu hermana y aquel muchacho que murió de nostalgia clavada en su cuello.

Ya pasaron treinta, cincuenta, ochenta años
y no tuvimos más recuerdos
que su nombre en las miradas del álbum familiar.

4

Murió la niña, madre.
La hermana mayor.
Y no pudiste despedirte,
jamás aprendimos a abrazar un cadáver.

El tiempo nos trae a tu hermana para sentarla en nuestras manos
y limpiarle los minutos en silencio.
Yo voy a cerrar sus párpados, esta y todas las noches.

5

Ya no importa.
Puedo quemar la diadema de flores que olvidaste en el sepelio.
Deja esos pájaros disecados de cielos también disecados,
no te llevarán a ella.

Guarda el abrigo,
déjalo para tus nietas que tu hermana no volverá a sentir frío.
Yo voy a cerrar sus párpados, esta y todas las noches.
Yo los heredé.

Homosexualidad y feminismo: dos caras contra la misma moneda

Danza

Ricardo Lindo

Viejas damas hipócritas danzaban por los prados
vestidas de encarnadas, áureas sedas y armiños,
con largos, largos mantos de cola de reptil.
Gordas viejas hipócritas,
secas viejas hipócritas danzaban
murmurando entre sí con risitas malévolas,
minimizándome, soltando piedrezuelas a mi paso
y añadiendo con voz fingida de flautín:
“Es que nosotras te queremos tanto”.
Tintineaban sus collares encantadores
con chirridos de goznes de prisión,
sus pelucas fosforescentes flotando al viento,
graznaban cancioncillas con un agrio chillido,
danzando por los prados su delicada danza,
pues sus muchos dineros y alta alcurnia
¿no les permitirían
en las ajenas vidas entrometerse
para soltar graciosos chistecitos ridículos?
Y, pues aquel es gay,
¿no podrían, ellas,
por un ratito al menos,
ser vulgares?
Y por ello danzaban las damas en el prado,
tan delicadas ellas,
tan gentiles.

El sacrificio

Ricardo Lindo

Tú dijiste, serpiente,
con maldad sibilina,
usurpando la voz de Aquel que nos creó:
“Todo goce carnal es lujuria culpable.
Tan solo la procreación lo justifica.”
Mas la gracia de una humana caricia,
la deliciosa fiebre de dos cuerpos que se unen,
regalo son de Aquel que nos creó.
Y aún dijiste:
“Que una mujer se una a otra en un lecho,
que un hombre a otro acaricie,
perverso es, y vicioso”.
Pero eso no es cierto.
Toda forma de amor si con amor se ejerce
está en Dios y es en Dios.
Violencia, violación y abuso de la infancia
son injusticia,
pero no lo es ser gay.
Y se puede ser gay
y vivir una vida espiritual
sin que haya en ello contradicción alguna.
Y aún dijiste con lengua retorcida:
“Quien nace
fuera de matrimonio es un bastardo,
no tiene parte en Dios”.
Pero todo nacido de mujer es un hijo de Dios,
y por eso ordenó que como hermanos
los unos a los otros nos tratásemos.
“Misericordia, no sacrificio quiero”,
dijo el buen Dios.
Bueno es el sacrificio por amor,
mas no lo es en sí mismo el sacrificio,
y a veces es nocivo.
Pero tú hiciste del sacrificio un dogma,
y la estúpida intransigencia de los mortales,
desde lo alto de un púlpito,
diste por santa
.

Pyrra Aquilea

Alberto López Serrano

Tetis teje piedras con la arena.
Los bordes le desgarran la piel blanda de los dedos.
El pálido rostro perdido en los ojos del vacío.
Y los pies de plata mastican olas de purpurina
y de su propia sangre.

Hallaron los cabellos cortados en el lodo,
rubio vellón a destajo trasquilado.
¿Tres disparos en el tórax no bastaron, Ménades?
Le rasgaron el vestido y la sandalia azafranada.
Las uñas le quebraron y los dedos.
¿No saciaron, Ménades, con sangre el odio?
¿No retuercen la calle y sangre escurre?

Tetis se levanta gris entre las olas.
Abraza a las nereidas que han llegado y que le cantan.
Abraza los recuerdos que la queman.
Camina sola en la caliente arena.
Ruidosa cae al reclamar a Zeus…
Un río se abre paso hacia el océano.

Hija de Tetis, Aquilea de veloces pies,
más rápido corrieron los disparos,
más rápido caíste en la acera sorda.
Y tu sangre…

Tetis desgarró su largo peplo.
Peleo arrancó la tierra con sus dientes.
Patroclos desgarró su amante corazón en mil astillas.
Las Ménades dirán “Matan hombre disfrazado de mujer”.
Las Ménades cantarán a su dios de odio en gratitud.

Aquilea de veloces pies, hermosa,
no sabrán desgarrar la lucha diaria que has dejado.
Verás que la sangre y purpurina generan más la lucha,
y con Peleo y Tetis llevamos tu mensaje.
Las manos diversas se levantan.

Amar a otra mujer

Silvia Ethel Matus

Amar a otra mujer
Puede ser una aventura al Amazonas,
un delirio con o sin estímulos
un mapa sin brújula
un arrobamiento del cuerpo
un silicio del deseo.
Amar a otra mujer
es la apertura al infinito
el misterio del océano
la delicadeza de la rosa
y también es…
estar expuesta y frágil.

Ahora

Kenny Rodríguez

Mis manos traviesas
cosechan caricias
para mi rostro
casi acabo de nacer
desprovista de prejuicios
ya cada poro de mi alma
ha saciado su sed de mí.

Ya no me contento con sonreír
con caminar de tu brazo
para sentirme segura
ya no me contento con vivir
y acechar como pantera herida
el deseo de tus sábanas
aprendí a reír a carcajada suelta
a burlarme de tus fantasmas ancestrales
y me niego a seguir creyendo
que vengo de tu costilla.

Celebración

Lourdes Ferrufino

Celebro mi permanencia en el ojo de la fiera
celebro que mis labios todavía inquietos
no sepan nada de plegarias.
Celebro el ciclo de la infinitud
es decir, mi permanencia en el ojo de la fiera.
Dirán de mí que fui semilla echada a perder
infecunda hasta la última gota
por eso celebro la altivez de las estatuas
enviadas a darme la canción de espiga
la misma que atraviesa mi cuello
por cada mujer disoluta que como yo
también ha sido estatua.

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